Noche movida y despacho en silencio: Neme tambalea y el PRO ya evalúa la salida de emergencia
Agustín Neme enfrenta en estas semanas un escenario político fragmentado y cargado de rumores que ponen a prueba su gestión. Versiones que recorren la noche marplatense lo ubican en el centro de cuestionamientos por supuestos “arreglos bajo la mesa” que habrían facilitado la continuidad de locales nocturnos con habilitaciones y operaciones al margen de la normativa.
Esas versiones circulan entre comerciantes, trabajadores del sector y dirigentes opositores; por ahora no hay una denuncia judicial única y pública que confirme cada detalle, pero la percepción de desorden en la nocturnidad alimenta la crisis de imagen del municipio.
El espacio que conduce Propuesta Republicana (PRO) debate internamente estrategias para recuperar estabilidad local y evitar contagios políticos. En esas discusiones, según distintas fuentes locales, aparece la idea de marcar distancia (incluso con mecanismos de relegamiento interno) frente a figuras que fueron percibidas como demasiado próximas a La Libertad Avanza (LLA).
En ese marco, nombres como el de Emiliano Giri son observados con lupa por coincidencias tácticas y operativas que, para sectores del PRO, ponen en riesgo la identidad partidaria y la gobernabilidad local.
En paralelo, crecen las versiones sobre un posible retorno (antes de fin de año) de Guillermo Montenegro al circuito municipal, ya sea por una reconfiguración política o por una decisión estratégica del espacio.
Esa posibilidad toma fuerza en escenarios donde se evalúan las falencias de la gestión interina y la conveniencia de fortalecer la caja ejecutiva con una figura de mayor peso público y experiencia electoral. La hipótesis del desembarco de Montenegro circula con mayor intensidad en despachos políticos y mesas de café, donde se analiza que la ciudad necesita señales de estabilidad para la próxima temporada.
Analistas locales señalan además que Neme ya superó el umbral de los primeros 90 días (la llamada “Luna de Miel”) y que algunas medidas instrumentadas en este período favorecieron líneas políticas que benefician indirectamente al circuito de Montenegro, dejando a Neme y a su círculo más expuestos a costos políticos crecientes.
Ese desgaste, combinado con la fatiga interna por negociaciones y discursos, podría hacer que ciertas decisiones del propio equipo terminen por minar la posición del intendente interino y de sus aliados.
Por último, el capítulo de la gobernabilidad aparece como una cuenta regresiva: Neme habría solicitado gobernabilidad en reuniones privadas y públicas, pero la respuesta política es desigual y la segunda reunión de gabinete quedó en suspenso por tensiones internas y la búsqueda de réditos políticos entre aliados.
El mapa local hoy queda marcado por la conjunción de acusaciones, posiciones tácticas dentro del PRO y la expectativa (para algunos, esperanza) de una intervención más contundente desde figuras con mayor peso territorial.
La política marplatense, en resumen, entra en una etapa de ajustes finos donde cada movimiento se mira con lupa y donde la narrativa pública y las decisiones tras bambalinas definirán si la crisis se contiene o escala.








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