Neme, listo para asumir: cómo se prepara la ciudad para un intendente interino con poder limitado
Mar del Plata transita una transición política particular. Con la licencia solicitada por Guillermo Montenegro para asumir como senador provincial a partir del 10 de diciembre, el concejal Agustín Neme quedó confirmado como intendente interino de General Pueyrredon, una figura que asume el control del Ejecutivo pero bajo un esquema atípico: el jefe comunal electo no renuncia y puede volver en cualquier momento.
La licencia de Montenegro, aprobada ad referéndum por la Presidencia del Concejo Deliberante, no tiene fecha de finalización. Ese dato no pasó desapercibido en el arco político local, que observa a Neme como un intendente con la responsabilidad del mando pero sin la garantía de continuidad plena.
La legislación es clara: ante una licencia, el primer concejal de la lista oficialista debe ocupar el cargo. En este caso, ese lugar corresponde a Agustín Neme, quien ya había sido señalado por el propio Montenegro como su eventual sucesor ante cualquier salida institucional.
Mientras tanto, el futuro interino intenta construir su perfil. Con 40 años, marplatense de cuarta generación, insiste en que encabezará un gobierno "marplatense", sin banderas partidarias dominantes. "Voy a romperme el lomo por Mar del Plata", declaró, marcando un tono que busca continuidad pero también identidad propia.
Ha remarcado que su llegada al Palacio Municipal no implicará un giro brusco en la gestión, sino el sostenimiento de las políticas vigentes, con foco en obras y alianzas público-privadas.
Hay, sin embargo, tensiones subterráneas. La falta de renuncia de Montenegro genera ruido político y abre interrogantes sobre la autonomía real del futuro intendente interino.
En distintos sectores del Concejo y entre analistas locales circula la pregunta central: ¿cuánto margen tendrá Neme para tomar decisiones de fondo si el intendente titular permanece activo políticamente y con la posibilidad de volver a su cargo de forma anticipada?
Otro desafío inmediato será el administrativo. Neme iniciará 2026 sin presupuesto propio, debido a que el Ejecutivo volvió a solicitar una prórroga para su presentación. Eso obliga a prorrogar el presupuesto vigente, limitando la capacidad de planificación para el primer tramo de su gestión.
Montenegro, por su parte, continúa moviéndose con intensidad política pese a la licencia. Su hiperactividad despierta dudas sobre quién tendrá realmente el control del gabinete municipal y el pulso de las decisiones estratégicas durante el interinato.
En este contexto, la llegada de Neme al Ejecutivo puede convertirse en una prueba de liderazgo. Para algunos, será el banco de suplentes del que eventualmente podría saltar a la titularidad si Montenegro define no regresar.
Para otros, será apenas un administrador circunstancial, con el intendente electo observando desde su banca legislativa.
Lo cierto es que Mar del Plata inicia una etapa inédita: un intendente interino con mandato abierto, en una ciudad donde la política siempre ha tenido movimientos propios, tensiones internas y herencias que pesan.
Neme deberá demostrar si su figura puede consolidarse más allá del carácter transitorio del cargo, en un escenario donde la verdadera conducción del municipio sigue siendo objeto de debate.








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