Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga, Enzo Brado y los drogadictos del Hospital Bernardo Houssay

Martín Vestiga, un periodista honesto, y Enzo Brado, un colega de dudosa reputación. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Dos por tres se encuentra con Enzo Brado, un colega de dudosa reputación, quien recibe dinero en sobres a cuatro manos, pero que le pasa jugosa información.

Por la mesa del fondo, entre cafés con espuma y titulares por escribir, se produjo un cruce digno de sobremesa: el respetado periodista Martín Vestiga se encontró con el siempre dudoso operador Enzo Brado.

Martín Vestiga tomó nota con la seriedad que le es habitual; Enzo Brado, por su parte, sonrió como quien cree tener la exclusiva de la semana.

— Te voy a tirar una que te va a gustar. — Dijo Enzo Brado, inclinándose hacia Martín Vestiga como si compartiera el secreto de la receta del café.

Lo que siguió fue, según el propio relato de Enzo Brado y aclarándolo desde el primer sorbo por si alguien piensa lo contrario, un chusmerío no verificado que mezcla audacia, mala suerte y un festejo que habría terminado siendo más memorable por sus efectos que por su torta.

Enzo Brado contó que en el Hospital Bernardo Houssay de Mar del Plata, durante una celebración de cumpleaños del traumatólogo De León, las instrumentadoras habrían llevado una torta brownie "con una sorpresa" que, dicen por ahí, habría provocado un desconcierto colectivo en plena sala de quirófano.

Martín Vestiga, con la calma de siempre, levantó la ceja y pidió la fuente. Enzo Brado, fiel a su estilo, señaló al mostrador como si la verdad se hubiera quedado ahí, entre la máquina de cappuccinos y los facturitos.

— Mejor no publiques nada sin chequear. — Replicó Martín Vestiga. — Los chismes se estiran como chicle; cuando los aflojás, no vuelven a su forma original.

Enzo Brado insistió en los detalles: versiones corrientes de que dos personas habrían terminado en la guardia, que una de las presentes estaría embarazada y que, para colmo de males, alguien identificado como “del Cid” habría subido y luego borrado una story de Instagram con un texto incendiario (“la gente es idiota, etcétera”), lo que, según Enzo Brado, habría puesto nerviosos a Recursos Humanos y a más de un despacho.

Martín Vestiga tomó un sorbo de su café, miró por la ventana el trajín porteño y respondió con la ironía que le cabe:

— Si esto fuera cierto, habría que convocar a la junta de ética, al comité de festejos y, de paso, al maestro pastelero para ver qué receta recomendarle a la próxima reunión.

El intercambio derivó en una pequeña lección de periodismo a la antigua: Martín Vestiga repitió, por enésima vez y sin resignarse a la viralidad fácil, que un rumor, por jugoso que sea, no sobrevive a la criba del doble chequeo.

Enzo Brado, que habla como quien arroja piedras y corre a mirar los destrozos, confesó que su deporte preferido es el runrún y que, cuando sale a la luz, lo alimenta con memes y explicaciones de bar.

La escena, en suma, fue un mosaico de manual: el operador con su paquete de chismes listo para repartir; el periodista con su libreta y su lógica, dispuesto a convertir el rumor en pregunta y no en titular. Los parroquianos del café, ajenos a la disputa, siguieron con sus pantallas y sus propios chismes profesionales.

Al cierre, Martín Vestiga se levantó, pagó su cuenta y dejó una advertencia que sonó más a consigna que a moraleja:

— Antes de publicar, que hable la historia, no el rumor.

Esta nota es de humor político y reproduce, con fines satíricos, un chusmerío compartido en una charla de café. Las afirmaciones vertidas por Enzo Brado fueron presentadas como rumor no verificado y no deben entenderse como hechos comprobados.

Cualquier semejanza con sucesos reales es, como decía la publicidad de una talera antigua, pura coincidencia o la mejor excusa para revisar las fuentes.

¡Mozo!

¡Sirvame otra copa!

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