Guillermo Volponi, el funcionario que está subido al pony
El inicio de la gestión de Guillermo Volponi al frente de la Secretaría de Desarrollo Local, Inversiones e Integración Público Privada de General Pueyrredon no pasó inadvertido, aunque no precisamente por señales de orden o planificación.
A pocos días de asumir, ya se registran internas y tensiones con el equipo de la Subsecretaría de Inspección General, producto de visiones claramente contrapuestas.
El área venía desarrollando una labor sostenida y reconocida durante todo 2025, con un proyecto en marcha que la idea original era sostener. Sin embargo, Volponi parece decidido a imponer cambios bruscos, más cercanos a un volantazo que a una corrección estratégica.
Las formas tampoco ayudan. En el arranque de su gestión ya se acumulan llegadas tarde a reuniones con empresarios e incluso algunas ausencias sin demasiadas explicaciones.
Un comportamiento que no sorprende a quienes siguieron su paso por el Concejo Deliberante, donde los faltazos fueron una constante, o por el Ente Municipal de Deportes y Recreación (EMDeR), donde la presencia tampoco se destacó por su regularidad. Aun así, Volponi siempre logra salir ileso, bien parado, casi inmune al desgaste. El motivo sigue siendo un misterio.
El recuerdo de su etapa como concejal suma un capítulo casi tragicómico: la única vez que fue al Concejo Deliberante con intención de trabajar de manera sostenida, terminó con el robo de su moto en la puerta del Municipio. Una postal que, para muchos, funciona como metáfora involuntaria de su relación con la función pública.
Ahora, ya instalado en su nuevo despacho y con aires de grandeza, Volponi apunta contra los históricos tres globeros de la Peatonal San Martín, como si acabara de descubrir el centro comercial más tradicional de la ciudad.
Llama la atención que pretenda intervenir en un espacio que, según quienes lo conocen, nunca fue parte de su recorrido habitual, más habituado al circuito sofisticado del área comercial de Güemes que a la peatonal que caminan a diario vecinos y turistas.
Un arranque de gestión cargado de ruido, decisiones discutibles y una pregunta que empieza a circular: ¿Hay un plan detrás de todo esto o solo improvisación con cargo público?








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