Emiliano Giri, el empresario de derecha más comunista de todos
La figura de Emiliano Giri representa una de las contradicciones más singulares del ecosistema político y empresarial de Mar del Plata. En su rol como empresario al frente de Ripsa, una compañía profundamente entrelazada con la gestión y recaudación de servicios vinculados al Estado, exhibe la faceta de un capitalista pragmático que comprende, como pocos, las ventajas de la simbiosis con el sector público.
Sin embargo, su conducta y sus movimientos estratégicos sugieren una lógica operativa que parece nutrirse de las prácticas más ortodoxas de la izquierda organizada.
Resulta llamativo observar cómo, desde su posición empresarial, sostiene un esquema de financiamiento que, a través de la pauta publicitaria municipal, logra alcanzar a medios identificados con el progresismo o la izquierda, como el portal Qué Digital.
Este movimiento, bajo una lectura crítica, podría interpretarse como una maniobra para garantizar influencia en diversos espectros ideológicos, asegurando una cobertura amigable y neutralizando posibles focos de conflicto. Es el despliegue del capital para comprar estabilidad política, una herramienta clásica de quienes buscan trascender las ideologías en nombre del control territorial.
El plano internacional añade un ingrediente aún más complejo a este perfil. La constante recurrencia de sus viajes a São Paulo, Brasil, ha generado todo tipo de especulaciones en los pasillos del poder.
Se menciona que estos encuentros semanales no son meras gestiones comerciales, sino negociaciones de alto nivel con sectores del Partido de los Trabajadores, el espacio político que lidera el presidente comunista Luiz Inácio Lula da Silva.
La pregunta que surge es si Giri está trasladando un modelo de articulación entre negocios privados y estructuras estatales populistas, importando tácticas de gestión que poco tienen que ver con el liberalismo que, en teoría, los sectores que él frecuentó en el pasado pretendían representar.
Nos encontramos ante un empresario que parece operar bajo la premisa de que las etiquetas partidarias son meras convenciones para el público masivo. Su accionar revela un pragmatismo descarnado que le permite ser un pilar del sistema administrativo local mientras despliega una agenda de contactos que lo vincula con la izquierda regional.
Al final del día, Giri encarna la síntesis perfecta del empresario que utiliza la estructura del Estado para perpetuarse, sea cual sea el color político de turno, convirtiendo la gestión de lo público en un negocio privado de alto vuelo.








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