Dos modelos de gestión: el EMSUr que funciona y el EMViAl usado como vidriera política
En el tablero interno del oficialismo marplatense, las fichas empiezan a moverse con una lógica cada vez más evidente. Mientras el intendente en uso de licencia, Guillermo Montenegro, dejó una marca clara de gestión a través del Ente Municipal de Servicios Urbanos (EMSUr), su heredero político en la administración cotidiana, Agustín Neme, parece haber optado por una estrategia distinta: construir su propio relato apoyándose casi exclusivamente en el Ente Municipal de Vialidad y Alumbrado (EMViAl), con Mariano Bowden como figura de exposición permanente.
La diferencia entre ambos estilos no es menor. El EMSUr se consolidó como uno de los principales caballos de batalla de la gestión Montenegro por resultados concretos: mejoras visibles en higiene urbana, recolección de residuos y ordenamiento del espacio público.
Con aciertos y errores, pero con una línea de acción clara, el ente se transformó en una herramienta central para mostrar gestión real, palpable y cotidiana, algo que el propio Guillermo Montenegro supo capitalizar políticamente con inteligencia y coherencia.
En cambio, la administración interna que conduce Agustín Neme parece apoyarse más en la puesta en escena que en una estrategia integral. EMViAl, bajo la presidencia de Mariano Bowden, es utilizado como vidriera permanente: obras anunciadas, recorridas, fotos y comunicados que buscan instalar la idea de gestión activa.
Sin embargo, puertas adentro del municipio crecen las críticas por el uso político del ente, convertido más en un instrumento de posicionamiento interno que en una herramienta articulada con el resto del gabinete.
El problema no es EMViAl en sí, sino la lógica que se impone desde el poder interno. Mientras Montenegro apostó a fortalecer áreas clave y a respaldarlas con resultados, Neme parece necesitar un "caballo de batalla" propio para marcar territorio, aun cuando eso genere desequilibrios, tensiones y comparaciones inevitables.
En esa comparación, el EMSUr sigue apareciendo como el ejemplo de una gestión que funcionó y dejó huella, mientras que el armado alrededor de EMViAl expone más las ambiciones políticas que una visión de ciudad a largo plazo.
Mar del Plata no necesita internas disfrazadas de gestión ni entes municipales usados como trampolín personal. La ciudad requiere planificación, coordinación y resultados, algo que Guillermo Montenegro supo entender y ejecutar durante su mandato.
La conducción actual, en cambio, parece más preocupada por mostrar que por hacer, y en ese juego, Agustín Neme corre el riesgo de quedar más asociado a la rosca interna que a una gestión sólida y transformadora.








Seguí todas las noticias de NOVA Mar del Plata en Google News






















