Cuando el suplente no levanta: en "La Feliz" ya piden la vuelta del titular
En medio de un clima político cada vez más espeso en Mar del Plata, comienzan a multiplicarse las voces que cuestionan con dureza la gestión interina de Agustín Neme y, en paralelo, reclaman el regreso de Guillermo Montenegro al frente del Ejecutivo local.
Desde distintos sectores, incluso dentro del propio oficialismo, se desliza una crítica cada vez menos disimulada hacia el desempeño de Neme.
Lo que en un principio se planteó como una continuidad ordenada de la administración, hoy aparece para muchos como un interinato sin rumbo claro, con dificultades para sostener el ritmo de gestión que había impuesto Montenegro.
Las quejas no se limitan a la oposición. En ámbitos políticos y empresariales de la ciudad empiezan a hablar de una gestión “apagada”, con falta de iniciativa y escasa capacidad de reacción ante los problemas cotidianos de Mar del Plata.
Seguridad, mantenimiento urbano y articulación política aparecen como los puntos más sensibles de una administración que no logra hacer pie.
En contraposición, la figura de Montenegro sigue gravitando con fuerza. A pesar de su licencia, el actual senador provincial mantiene influencia territorial, contactos y una imagen de gestión que, para muchos, contrasta con la actual conducción.
No son pocos los que consideran que el exintendente dejó una estructura en funcionamiento que hoy muestra signos de desgaste sin su liderazgo directo.
En ese contexto, empiezan a instalarse versiones sobre un eventual regreso. Si bien no hay confirmaciones oficiales, el solo hecho de que la posibilidad exista alimenta el malestar interno y deja en evidencia las limitaciones del esquema actual.
La comparación es inevitable: mientras Montenegro supo consolidar poder y marcar agenda, Neme aparece condicionado, sin volumen político propio y con dificultades para sostener la centralidad.
El dato político es claro: cuanto más se debilita la gestión interina, más crece la expectativa por un retorno que reordene el tablero. En una ciudad donde la gestión municipal impacta de lleno en la vida cotidiana, la discusión ya no es solo política, sino también práctica.
Por ahora, Montenegro observa desde afuera. Pero en Mar del Plata, cada día que pasa, la pregunta deja de ser si puede volver y empieza a girar en torno a si debería hacerlo.








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