Panorama Político de Mar del Plata
El escenario

Agustín "Meme", el interino llorón

El interino marplatense Agustín "Meme", un total ridículo. (Dibujo: NOVA)

En el coqueto salón del Hotel Costa Galana de Mar del Plara se vivió una escena que mezcló política, espectáculo y papelón.

La anfitriona fue nada menos que Mirtha Legrand, quien organizó una comida privada a la que asistió el interino marplatense, Agustín Neme, acompañado por su abuela. Hasta ahí, una postal simpática. Lo que vino después fue un show innecesario.

En medio de la velada, Neme tomó el micrófono y, quebrado en lágrimas, lanzó: "Mi abuela es muy admiradora de usted y es importante para mí que esté ella ahora a metros de la ídola que es usted Mirtha".

La emoción, que podría haber sido un gesto íntimo, se transformó en una escena sobreactuada que dejó a más de uno mirando el plato con incomodidad. Algunos comensales susurraban que el intendente interino confundió una cena elegante con un casting para reality.

Las críticas no tardaron en reaparecer. No es la primera vez que Neme convierte un acto institucional en un festival lacrimógeno. Cuando asumió la Intendencia de manera provisoria, tras la licencia de Guillermo Montenegro, también lloró desconsoladamente y abandonó el Concejo Deliberante fundido en un abrazo con Emiliano Giri.

Aquella imagen recorrió despachos y grupos de WhatsApp con más velocidad que un proyecto de ordenanza.

En el radiopasillo municipal, donde el humor suele ser despiadado, ya le pusieron apodo: "Agustín Meme". No precisamente por su capacidad de gestión, sino por la facilidad con la que sus gestos se viralizan y alimentan cargadas internas.

La escena más incómoda de la noche llegó cuando Mirtha Legrand, fiel a su estilo punzante, hizo hablar al intendente en uso de licencia, Guillermo Montenegro, quien se mostró sereno y en control de la situación.

Luego miró a Neme y disparó: "Usted es el jefe comunal nuevo. ¿No va a hablar? ¿O solo vino a comer?".

La frase cayó como una campanada. Mientras Montenegro mantuvo compostura y oficio político, el interino quedó expuesto, atrapado entre la emoción desbordada y la falta de timing.

En una ciudad que atraviesa desafíos de gestión concretos, muchos vecinos esperan firmeza y liderazgo, no escenas dignas de un compilado viral. La política marplatense necesita conducción; las lágrimas, en todo caso, pueden esperar fuera de cámara.

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